19.11.11

Desde mi ventana

Hace mucho tiempo, me sentaba a mirar por mi ventana. Recuerdo que, se podía divisar con nitidez la silueta de la sierra, recuerdo que podía ver el gran palacio rojo. ¡Era una ventana con vistas magnificas! Con el cambio de estación, las lluvias y más tarde la nieve convertían a la montaña en un gran manto blanco que la abrazaba y el resplandor que producía en un día soleado iluminaba mi habitación a través de ella. Era una ventana especial, ya que se podía divisar todo lo que deseaba.
Con el paso del tiempo el barrio fue creciendo, y los edificios fueron cada vez más altos. Poco a poco, sin apenas darme cuenta, el paisaje fue cambiando. Los muros que se levantaron taparon trocitos de aquel palacio, ocultaron la silueta de la montaña y el horizonte se perdió. Ya no se ve más allá de los muros y el humo de las chimeneas emborrona el paisaje que queda. Quizás se haya quedado pequeña, quizás necesite ganar altura...no lo sé, sólo queda el recuerdo de un paisaje que ya no logro ver.




Muchacha en la ventana. Dalí.

17.11.11

Mi táctica y estrategia

Mi táctica es 
mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 

mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franco 
y saber que sos franca 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites.


                    M. Benedetti



                  A veces lo más sencillo llega hasta lo más profundo.

15.11.11

Cuenta hasta 12 y quédate quieto


“A callarse”

Por una vez sobre la tierra
no hablemos en ningún idioma;
por un segundo, detengámonos;
no movamos tanto los brazos.

Sería un minuto fragante,
sin prisa, sin locomotoras;
todos estaríamos juntos
en una quietud instantánea.

Los pescadores del mar frío
no harían daño a las ballenas,
y el trabajador de la sal
miraría sus manos rotas.

Los que preparan guerras verdes,
guerras de gas, guerras de fuego,
victorias sin sobrevivientes,
se pondrían un traje puro
y andarían con sus hermanos
por la sombra, sin hacer nada.

No se confunda lo que quiero
con la inacción definitiva:
la vida es sólo lo que se hace,
no quiero nada con la muerte.

Si no pudimos ser unánimes
moviendo tanto nuestras vidas,
tal vez no hacer nada una vez,
tal vez un gran silencio pueda
interrumpir esta tristeza,
este no entendernos jamás
y amenazarnos con la muerte.
Tal vez la tierra nos enseñe
cuando todo parece muerto
y luego todo estaba vivo.

Ahora contaré hasta doce
y te quedarás quieto.

                                                                        
                                                    Pablo Neruda