Muchas fueron las veces que intenté dibujar aquella historia. Nuestra historia. Nuestra realidad. Incluso le puse el marco de aquel cuaderno azul, del que nunca supiste. Bien, ahora lo sabes. Me recorrí varias librerías buscando el paraje perfecto para desbordar con palabras los recuerdos que empezaban a desvanecerse. Y llené páginas y páginas intentando grabar todos los detalles. Sin embargo, me dí cuenta que nuestra historia nunca podría quedar plasmada en el papel porque ya se quedó atrapada en las calles de aquella ciudad. Una historia entre otras tantas que guardará en su interior. Ahora el cuaderno descansa entre mis libros. Cumplió su función. Hace tiempo que lo comprendí y ahora te lo digo.
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24.2.13
6.2.13
Feromonas
La nariz humana es capaz de distinguir 10,000 olores diferentes, sin embargo podemos no ser conscientes de ello. Es decir, podemos estar oliendo algo y no saberlo y que esté provocando un efecto en nuestro comportamiento.
Esto tiene una explicación anatómica. Verán, todas las sensaciones (vista, tacto, gusto), excepto el olfato, se transmiten desde sus receptores hasta la corteza cerebral pasando por el tálamo. Y el tálamo viene a ser la "puerta de la consciencia". Las señales olfatorias llegan directamente a un lugar llamado bulbo olfatorio, donde convergen distintas partes del cerebro. Y entre esas partes se halla el sistema límbico, es decir, la parte donde se genera nuestra conducta emocional. De ahí el poder de un olor.
Un perfume, una comida, el olor corporal todo ellos son capaces de activar en nuestro cerebro una respuesta diferente que difiere según las experiencias vividas. ¿Y que me dicen de las feromonas? En insectos y animales está totalmente demostrado, pero en humanos hay cierta controversia. En internet se pueden encontrar perfumes elaborados a base de feromonas de dudosa eficacia. Al menos espero que no estén elaborados según las prácticas de "El perfume". Ya saben, aquella novela y película en la cual un joven obsesionado con el olor destila a bellas damas para obtener un perfume repleto de frenesí.
Las feromonas en insectos y animales son sustancias químicas que liberan al medio externo y que son capaces de provocar una respuesta sobre individuos de sus misma especie o distinta especie. Y sus efectos no sólo se restringen al fin reproductivo sino que pueden tener fines de protección o alimentación.
En el caso de los seres humanos no se sabe con exactitud que tipo de feromonas existen. No hay estudios concluyentes. Se han observado ciertas evidencias que indican la existencia de feromonas sincronizadoras de ciclos menstruales en las mujeres.
Respecto a los patrones sexuales parece que ser las feromonas quedan en un segundo plano y siendo los estímulos visuales lo que cobra importancia.
Esto tiene una explicación anatómica. Verán, todas las sensaciones (vista, tacto, gusto), excepto el olfato, se transmiten desde sus receptores hasta la corteza cerebral pasando por el tálamo. Y el tálamo viene a ser la "puerta de la consciencia". Las señales olfatorias llegan directamente a un lugar llamado bulbo olfatorio, donde convergen distintas partes del cerebro. Y entre esas partes se halla el sistema límbico, es decir, la parte donde se genera nuestra conducta emocional. De ahí el poder de un olor.
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| Escena de El perfume |
Las feromonas en insectos y animales son sustancias químicas que liberan al medio externo y que son capaces de provocar una respuesta sobre individuos de sus misma especie o distinta especie. Y sus efectos no sólo se restringen al fin reproductivo sino que pueden tener fines de protección o alimentación.
En el caso de los seres humanos no se sabe con exactitud que tipo de feromonas existen. No hay estudios concluyentes. Se han observado ciertas evidencias que indican la existencia de feromonas sincronizadoras de ciclos menstruales en las mujeres.
Respecto a los patrones sexuales parece que ser las feromonas quedan en un segundo plano y siendo los estímulos visuales lo que cobra importancia.
6.12.12
Es bueno reírse de uno mismo. Vida opositora
Literalmente, estar estudiando oposiciones, te deja sin palabras. Sin palabras normales claro. Entras en un estado estacionario donde sólo puedes pensar en oposiciones, oposiciones, oposiciones, y todo lo demás no importa. "El mundo se derrumba y nosotros...¡¡a nosotros nos importa un pito todo!!". Ya puede estar a punto de estallar una tercera guerra mundial, que no habrá nadie que nos saque de nuestra cueva. Y digo cueva porque nuestra habitación sufre una transformación. La mesa es todo un caos. Apuntes en el centro, en la esquina de la izquierda los test, luego el flexo, atraviesas la zona de tazas vacías y picoteo varios hasta llegar a la esquina derecha donde están los esquemas y resúmenes. Mas o menos se distribuye así, sólo que a veces las fronteras son algo difusas o intercaladas.
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| Mesa de un opositor al que se le fue de las manos (via Google) |
Nuestro uniforme oficial es el Pijama. Es ese que tiene por lo menos más de diez años, que nos queda más bien pequeño y que por eso nos tenemos que subir los calcetines por encima del pantalón. Así queda herméticamente cerrado y la perdida de calor es mínima. A todo esto se suman las capas de la bata y la manta o batamanta si eres ya un experto.
También ocurren cosas como que el pensamiento y lenguaje más sencillo y cotidiano se atrofian. Se olvidan palabras como cuchillo, cuchara o saltamontes. Y te encuentras explicándole a tu madre que te pase "ese instrumento alargado, de metal con puño de cubierta de polietileno, con filo aserrado u afilado cuya función es separar sendos trozos de carne". Que no te acordarás del nombre del cuchillo, pero al menos, la Galénica te ha dado un bagaje para poder describir cualquier utensilio o procedimiento y de paso quedar divinamente. Aunque tu madre te mirará con mala cara, te dirá que cada día estás más pálida y que eres muy rara.
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| Mi abuelo cuando le dije que hacía tantas horas en mi habitación. (via Google) |
Un día te levantas con expectativas y dices: ¡¡Hoy voy a salir a comprar el pan!! Así me da el aire. Y una vez te cambias, te duchas y vuelves a ser persona, sales a la calle y una poderosa luz incide tus pupilas empujándote de nuevo a la miserable oscuridad del portal. Ese es otro efecto secundario, intolerancia a los rayos del sol. Básicamente te conviertes en un vampiro de los libros que vive una habitación-cueva.
Esto es sólo una muestra de las costumbres "raras" que se crean en estas situaciones, seguro que hay muchísimas más así que espero que las compartas en los comentarios.
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