- Arizona, baby. Esa fue mi respuesta. Estaba harta de esta temporada de lluvia. Como casi todos. Parecía que la primavera, en una mala mano, se apostó sus gloriosos días soleados y perdió ante la picaresca del otoño. Y mientras tanto, aquí seguíamos, aguantando el chaparrón. Estaba cansada de amortiguar con paraguas esa lluvia de preguntas y pisar esos charcos de dudas que no se terminaban de filtrar.
- ¿Quieres ir a Arizona?. Preguntó asombrado.
- Sí, llévame en tu Cadillac Deville. Viajemos a través de la ruta 66, donde la carretera se olvide de lo sinuoso y el sol queme nuestros besos. Por eso, relaja los pedales y deja puesta la velocidad de crucero porque lo vamos a disfrutar. Guíame por tus rutas salvajes del viejo oeste, enciende la radio y deja que el folk se mezcle con la arena del viento hasta que lleguemos a Monument Valley.
Edito: Un día después de escribir este post descubro un grupo español llamado Arizona baby: