Mostrando entradas con la etiqueta desinformados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desinformados. Mostrar todas las entradas

1.5.13

Moléstame

Últimamente me persigue una sensación de rutina en el peor sentido de la palabra. Y quizás esa no sea la palabra exacta que mejor lo defina.
Quiero decir que estoy desencantada de las relaciones humanas. Y no me refiero a las amorosas, que también.
Hay una niebla densa en el ambiente, está podrida y no nos deja ver. ¿En que momento dejamos la vitalidad?
En la época donde más facilidades hay para comunicarnos es en la que peor nos entendemos. Todas las redes sociales son instantáneas y solubles, con amigos a un clic. Pero el problema viene después.

Quizás sea que estamos cansados. Cansados de todo. De una economía infectada, de un pueblo parado, de una generación frustrada y de unos políticos lisiados. Puede que todo sea culpa de esta decadencia. Hemos recibido muchos golpes, unos más que otros. Pero a lo mejor no podremos devolverlos hasta que no disipemos esa puñetera niebla.

Hablo de hablar. Hablo de que sentir. Hablo de que sólo arañamos la superficie, de que nos quedamos con el postureo sin entrar en el fango. Y tenemos que llenarnos hasta los codos.
Porque si no hablamos de nuestros miedos y no somos honestos, porque si dejamos de hacernos preguntas incómodas, sin respuesta, absurdas, filosóficas o ridículas, perderemos. Perderemos la pasión, la ilusión, la capacidad de pensar y cuestionar. Un buen amigo me dijo que lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

Así que molestémonos. Hazme pensar. Discutamos y aprendamos el uno del otro. Olvídate de prejuicios, del ridículo y de lo políticamente correcto (ya se ha demostrado que casi nada político es correcto). Molestáme, porque así es cuando realmente serás un amigo de carne y hueso.

16.4.13

Encefalograma plano

El ser humano puede ser terriblemente oscuro. Nos resulta muy fácil dar de lado situaciones feas, incómodas o dolorosas. 
Desechamos todo lo que nos puede hacer sentir mal o lo toleramos demasiado bien hasta normalizarlo. Sólo volvemos a sentirlo de nuevo cuando podemos crear un vínculo, una conexión que nos haga vernos a nosotros mismos en esa situación. Ahí si, ahí si se revuelven nuestras entrañas. 
Somos egoístas e individualistas. Es lo fácil. Con ocuparnos de nosotros mismos tenemos bastante. Nuestra mentalidad colectiva en cuanto a problemas se refiere,a veces, tiene un encefalograma plano. 
Las muertes, guerras, asaltos, violaciones sólo realmente nos preocupan si de algún modo puede afectarnos. Y si ese no es el caso sólo hay una preocupación estándar, por la cual todo el mundo sabe que es algo malo pero que sin embargo forma parte del fondo de la realidad global.



Foto de Manu Brabo. Premio Pulitzer 2013.

En el fondo es bastante lógico, si nos alarmáramos de la misma forma por una violación en tu barrio que cuando ha habido otra violación en Oriente próximo o en San Quintín, no podríamos vivir ante tanta inmensidad de horrores que ocurren en el mundo. Tal cantidad de ansiedad nos mataría. Es un mecanismo de defensa y evolución. Las dos situaciones son igualmente monstruosas pero las dos no representan un peligro real para ti. Pero ese no es el problema.
El problema viene cuando informativamente una muerte o un asesinato de gente anónima no vale lo mismo. Si el objetivo es informar estamos muy desinformados. Si el objetivo es económico, político u otro, vamos bien. Pero eso es otra historia, y muy larga.