21.7.13

Versos gastados




Donde se encuentra la diferencia, dime,
si usaste el mismo guión para diferente público.
Si de tus labios salieron y tus manos escribieron
las mismas frases gastadas.

No quiero historias escritas,
no quiero plagio.

Escribe una nueva versión original, 
porque sólo así me ganarás..

1.5.13

Moléstame

Últimamente me persigue una sensación de rutina en el peor sentido de la palabra. Y quizás esa no sea la palabra exacta que mejor lo defina.
Quiero decir que estoy desencantada de las relaciones humanas. Y no me refiero a las amorosas, que también.
Hay una niebla densa en el ambiente, está podrida y no nos deja ver. ¿En que momento dejamos la vitalidad?
En la época donde más facilidades hay para comunicarnos es en la que peor nos entendemos. Todas las redes sociales son instantáneas y solubles, con amigos a un clic. Pero el problema viene después.

Quizás sea que estamos cansados. Cansados de todo. De una economía infectada, de un pueblo parado, de una generación frustrada y de unos políticos lisiados. Puede que todo sea culpa de esta decadencia. Hemos recibido muchos golpes, unos más que otros. Pero a lo mejor no podremos devolverlos hasta que no disipemos esa puñetera niebla.

Hablo de hablar. Hablo de que sentir. Hablo de que sólo arañamos la superficie, de que nos quedamos con el postureo sin entrar en el fango. Y tenemos que llenarnos hasta los codos.
Porque si no hablamos de nuestros miedos y no somos honestos, porque si dejamos de hacernos preguntas incómodas, sin respuesta, absurdas, filosóficas o ridículas, perderemos. Perderemos la pasión, la ilusión, la capacidad de pensar y cuestionar. Un buen amigo me dijo que lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

Así que molestémonos. Hazme pensar. Discutamos y aprendamos el uno del otro. Olvídate de prejuicios, del ridículo y de lo políticamente correcto (ya se ha demostrado que casi nada político es correcto). Molestáme, porque así es cuando realmente serás un amigo de carne y hueso.

30.4.13

27


-A estas horas hace 27 años estábamos comiendo macarrones cuando rompí aguas... Así comienza mi madre su relato, como todos los años de mi vida, a la hora del almuerzo. Como toda madre, lo recuerda con gran orgullo y cierta nostalgia al ver que su niña ya no es tan niña.
-Tenías unos dedos finísimos y naciste con las palmas abiertas, por eso rompiste la bolsa antes de tiempo, porque la pinchaste con los dedos... Continua mi padre completando partes de la historia. Cada cual tiene su parte y ambos disfrutan recitándola "como si fuese ayer", como dirían ellos. 

Pues eso, un año mas viejuna.